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Mostrando entradas de diciembre, 2018

Acercamiento a Sísifo

Ascenso obligado en el malestar del acaso día, rumores de la drástica porfía, lo comenzado como una despedida, una parada y el número inscrito para la identificación a lo lejos en la distancia, el espacio sabe contraer destino y el tiempo su peor designio. La   vibración hace de la costumbre un aquí constante, a veces   se olvidan los caminos que   trajeron   este itinerario de veces que es la vida, frágil como un impulso de todos los días, con un rostro que es apenas la huella de lo anterior y lo posible en la diáfana reconciliación de un instante que pretende ser memoria, confundir la desgana con la inercial costumbre, a caso el sin sentido de estar vivo en la eterna pendiente a donde los días   se acercan a la roca mortal de un castigo, en el planteo franco de una mirada es intentar subir con el peso impuesto hasta quien sabe cuando, rodar entre sudor y tensión, en un exigir de huesos y profundas respiraciones. El esfuerzo es estar vivo con sentido, no querer creer en los ayeres

Acto de realidad profanado

Han traspasado los hechos, versiones obligadas que a la larga derrotan, pero´s vituperantes y alergias concomitantes de la proeza cotidiana, un “disculpe aquí” desmayo sus pasos al borde de un “casi me doy cuenta”. Re-decir, mezclar, un por decir por-trecho, manifestó único ruido, miscelánea obstruida a la rivera de un dialogo actual, re-incierto aporético y recién incluido en el “me bajo aquí”, ante su rostro de espera en un semáforo en rojo. Al bostezo su-pertrecho del elogio en cause lecho y el suceso fundamentado, de un no-me-olvides, estoy aquí recién descendido del sentadero colectivo esperando bien se desocupe un espacio para no sentir tanto amontonamiento de sentidos, olores y voces, ruidos del pasaje. Acaso desmedido el por-venir re-clasificaría la rejuntadera de nuevas versiones, para posibilitar un encuentro pos-no-verse. El incrédulo acompañante de la dirección a donde se dirigían los gestos vio rodar la lagrima ante el presente peatón desubicado, parado allí entre

Venganza de Crono

En la violencia acostumbrada del “a mi que me importa”, dos veces antepongo-me al sentido, la larga caravana del olvido arrastra con gestual rictus hacia otra mañana autómata, dos veces perniciosa, dos veces alejado en tan solo una despedida, como si las cantidades y sus cualidades no se disolvieran en el más eficaz rasgo del Tiempo, la indiferencia. Tal vez Crono nos hiera en más sentidos, en su máxima venganza borra todo rastro individuo, afectando la memoria, la capacidad de recordar, nos condena a la espiración efímera de los dioses últimos, acaso nuestros dioses, primeros condenados a olvidar y ser olvidados. Ya en la frágil existencia con la raíz original inconexa de la mas reciente ramificación manifiesta, Crono vuelve a vencer aun desde el averno, según   acaso referencias inventadas por la imaginación del mito creado por fantasiosos   y que en algún punto llegaron a un acuerdo, dices del Dios padre castigado por sus hijos, el   cuarto de ellos señor del rayo, alardeo jac

Suceso de Hombre confiado -El quinto paso

Volvamos con nuestro Hombre, que insuflado de valor aspiró hondo la cuadra y se dispuso a terminar lo que había comenzado. Cuatro pasos atrás confiados en su abstracción, el que dio las monedas venían caminando con la cabeza en su día. Quizás un buen día, por supuesto a la medida de su posibilidad, claro es -dijimos cuatro pasos verdad. En el primero de los cuatro, seguro divisó a ligera sin detenerse a mirar, reaccionó con su pre concepto de cómo son las cosas en la mente a primera vista, no se detuvo en la imagen. Al segundo paso ya tenia su mano izquierda en el bolsillo izquierdo de su pantalón, reacción claramente condicionada por la realidad en la que cree. Dejo caer - en el tercer paso- las monedas en el recipiente-depósito y allí, en el encuentro de lata y metales, despertó de su realidad y vio al mendigo. O mejor dicho vio una de sus extremidades extendidas, símbolo-mano-banderita diciendo: Estoy aquí. Así trabajo. Aquí me traen, este soy. Finalmente, en el cuarto se en

Suceso de Hombre confiado - El trance.

Arengando al buen pasar una franca respuesta, la lógica dádiva cotidiana entre camino, por esos momentos apurado. Dejó caer tres metales menores al descuido, como quien pasa y deja automático en la costumbre.   En ese trance, abstracción ciudadana. Hombre-urbano sin mirada se dirige, con cabeza de respuestas acotadas, de preguntas en la grilla y de rasposos pensamientos insatisfechos en clonación de odio ante la posible reacción mirada. Pero el salpicar del sonido producido por el contacto de los metales contra el espacio-fondo-tarro lo despertaron del trance en el que estaba y fue entonces cuando vio esa mano torcida, delgada extremidad deforme, perfil de pelos y boca de babas hacia el piso.   Quizo no seguir mirando, pero se supo por aquellos cuatro pasos comprometido.   Ahora mirada de reojo, alguien buscándolo para entregarse al intercambio.   Ansió volver atrás, o simplemente un rápido giro sobre su centro a cualquier dirección y disparar de aquel embate. Pero no. No e

Función Representativa

Al yugo irreversible de esa mañana se le habían trastornado algunos instantes, como si a los dos en cuestión sobre ella se les hubieran perdido unas piezas del rompecabezas gigantesco que trataban de armar, esto se reluce en falta y miradas de misterio, incierto capitulo no escrito aun en la historia de sus vidas.   Salvador, por supuesto, es quien ha sabido primero perder las partes, confundir los hilos de su marioneta, aunque en el fondo se trata de una tijera imaginaria que hace desaparecer algunos de los movimientos que le dan gracia. Su marioneta ya no mueve el pie derecho, ni gira la cabeza hacia la izquierda. Esto Ilda lo ha captado y aunque en plena función trata de seguir con la obra, no puede reprimir ese malestar y su muñeca comienza a impartir golpes contra su marido de trapo, es que este señor no responde como debiera en su libreto cotidiano. - Anda, anda, anda - le dice y lo empuja hacia adentro.   El público - porque siempre hay un público-, toma con humor la e

El misterioso Hombrecito del Pedal

Por las mañanas de rutina en Ciudad de Tampa subo al 56, a eso de las siete quince, o si viene lleno, en el de las y treinta y cinco. Si logro arribar al primero de los colectivos mencionados, tengo la posibilidad de observar una escena que me ha llamado profundamente la atención, un singular hecho que se repite necesariamente a unos diez minutos de andar por el recorrido, es la imagen infatigable de un hombrecito viejo, de unos setenta y largos años, bastante venido a menos, que se dirige por la avenida Colón y dobla por Santa Fe,   en el preciso   instante donde Yo, detenido en Santa Fe, gracias a la solícita parada clave en el que arriban y descienden presurosos pasajeros cotidianos,   lo cruzo desde enfrente en el sentido contrario de la calle, aguardando   en el ya semáforo en rojo para doblar por donde exactamente el viene   y lo observo. Viaja en subida, en una locomoción verde-sincia de tres ruedas. Lo conmovedor es el esfuerzo que realiza, en un constante andar lento y lla

Álgido Fortunatto

Sobre la sociedad invisible de sus pasos lejanos arde huella encorvada, maliciosa trampa de años y supuestos. Escafandra desluce su corbata ancha, vestigios de un ser-trabajo todavía, empuja su carro por calles errantes de lata. El esfuerzo de sostener los anteojos borrosos, garúa-catarata, rejuntadera en cintas, pedazos de vidrio buscan aun dignificar el tiempo y la vida en él. Algido Fortunato, desempaña sus gafas con un pañuelo gris-marrón-mugre que saca del bolsillo izquierdo del saco agujereado y roído que luce. Con la mano derecha se escurre las babas, mientras sostiene con la otra el repleto carro de cartones, donde además lleva un farol roto en la parte trasera y una escoba vieja, ya sin pelos, amarradita con tiritas de gomas resecas. Bajando por Okenda como quien va hacia el centro comercial, silba una canción de antaño, de la antigua estación, del tren que se va, de aquel amor que inútilmente dejó para olvidar y es todavía costra que de vez en vez sangra joven y se es